Lo que costó el éxitoEl lunes, Klaus leyó la cláusula 9 tres veces antes de sacar el folleto de la exposición de debajo del contrato. Una mancha de café marcaba una esquina. Lo alisó con el pulgar, recordando las pulseras de Thaís contra su muñeca, y lo guardó a salvo en la libreta. La cláusula no había cambiado.
El domingo le pertenecía a alguienPara el domingo por la mañana, Natalia había llenado su cuaderno con referencias del canal. En la suite de Marcus lo dejó sobre la mesa de vidrio, subió la temperatura del aire acondicionado y volvió a bajarla. Tengo frío. A él le gusta así. Él siguió con su llamada mientras ella permanecía junto a la ventana, mirándolo en el reflejo hasta perder de vista el tráfico de abajo.