Yo era la clase de chica que confiaba en los numeros antes que en la gente.
Los numeros son mas limpios. No se ruborizan, no halagan, no seducen y no improvisan. Revelan presion. Muestran apetito, miedo, desperdicio y negacion mucho antes de que alguien arriba este dispuesto a hablar claro. Tal vez por eso todavia miro una hoja de calculo y veo una confesion.
Soy ambiciosa, observadora y mas leal de lo que siempre conviene. No disfruto el caos, pero entiendo lo rapido que la gente empieza a normalizarlo cuando hay dinero en juego.
Observo que financian las organizaciones, que postergan y que absorben en silencio como “costo del negocio”. En las empresas de software, la corrupcion rara vez entra con discurso de villano. Entra como excepcion, favor, proyeccion inflada y numero que nadie quiere mirar demasiado de cerca.
La brillantez analitica no basta si el sistema alrededor recompensa el silencio. Una persona puede ver el patron con total claridad y aun asi quedar atrapada por la familia, la clase, la reputacion o la obligacion. Esa tension me interesa porque asi es como muchas organizaciones reales siguen rotas en complicidad publica y privada con sus propios insiders.
Admiro la inteligencia cuando viene acompañada de disciplina. Me gusta la elegancia, pero confio mas en el rigor. Me atrae la gente capaz de mantener la compostura bajo presion, incluso sabiendo que la compostura tambien puede ocultar concesiones.
Si parezco cauta, es porque para cuando los numeros se ven imposibles, normalmente alguien ya decidio mirar hacia otro lado.